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Sábado, 09 Enero 2016 16:00

Vínculos traumáticos

Escrito por 

VÍNCULOS TRAUMÁTICOS Y SUS DINÁMICAS RELACIONALES.

Por  Carmina Serrano Hernández e Isabel Nieto Martínez.

 

El objetivo de nuestra comunicación es poner de relieve la importancia que las relaciones de pareja tienen en el desarrollo, mantenimiento y/o destrucción de la mente. Nuestra propuesta es que la relación que las personas mantienen con su pareja se convierte en uno de los vínculos de apego más importantes en la etapa adulta. Cuando se instaura un vínculo traumático en una relación de pareja se verán afectados: el desarrollo de los sistemas motivacionales, la regulación emocional y las representaciones mentales. Hemos necesitado construir un nuevo modelo de mente que dé cabida a las nuevas aportaciones de la neurociencia, cognitivismo y estudios sobre el género, así como cuestionar algunos supuestos del pensamiento psicoanalítico tradicional (mito de la mente aislada, masoquismo y otros)

1.-Sistemas motivacionales y mente

Vamos a comenzar revisando algunos de los supuestos del pensamiento psicoanalítico que han interferido en la comprensión del vínculo traumático.

Uno de los aportes del pensamiento psicoanalítico para la comprensión de la naturaleza humana, ha sido poner en evidencia la importancia que las motivaciones tienen en el desarrollo psíquico; la posición pansexualista del pensamiento freudiano está superada, la sexualidad no es la motivación prioritaria, existen otras muchas, y cómo no podemos profundizar en la multiplicidad de sistemas motivacionales y/o tendencias de acción, vamos a poner el foco: en el apego, la regulación psicofisiológica y los sistemas defensivos.

En el psicoanálisis actual existe un acuerdo sobre la multiplicidad de motivaciones que conforman la conducta humana (Bleichmar, Bowlby, Dio Bleichmar, Lichtenberg, Kohut, Mitchell.), y también  existen otras corrientes, cognitivismo, conductismo, neurociencia, estudios sobre el trauma, que también han hecho sus aportaciones en cuanto a las disposiciones innatas y su relación con la mente y la conducta (Herman, Janet, Milton, Ogden, Siegel, Van der Kolk).

Otro aspecto que debemos reconsiderar es la separación que ha existido entre el saber sobre las motivaciones, los afectos y las ansiedades, propio del psicoanálisis, y el saber sobre el desarrollo de la inteligencia, propio del cognitivismo. Durante mucho tiempo estas disciplinas discurrían por caminos paralelos, pero afortunadamente también se esta produciendo un proceso de acercamiento e integración entre ambas lo que nos permite ampliar nuestro conocimiento sobre la mente y su formación.

Migone y Liotti autores citados por Díaz-Benjumea (2003) hacen una revisión de las teorías psicoanalíticas de la motivación propia del psicoanálisis, y unen la psicología cognitiva con el psicoanálisis. Proponen que los seres humanos están programados para adaptarse a su entorno, y que la adaptación se produce a partir de un proceso de autoconstrucción dinámica.

Estos autores plantean que venimos diseñados con una serie de disposiciones innatas, también llamadas tendencias de acción o sistemas motivacionales, que posibilitan nuestra supervivencia. Estas disposiciones nos sirven para comprender la realidad y adaptarnos a ella de forma automática. Esta teoría concibe las disposiciones innatas como planes inconscientes que guían la conducta, el pensamiento y los afectos.

Para estos autores la motivación es tanto una fuerza interna como un fenómeno cognitivo, ideativo. Esta propuesta supera el modelo del instinto o pulsión visto como descarga de energía, y lo sustituye por un modelo en el que la motivación tiene una base innata que se transforma con las experiencias. Nuestra propuesta es que la motivación se conforma a partir de las tendencias de acción innatas, modulándose por las emociones a través de las relaciones de apego y desarrollándose mediante el aprendizaje implícito y explícito; a través de este proceso se construyen las representaciones mentales sobre el mundo, sobre uno mismo y sobre los demás.

Para los seres humanos por encima de cualquier otra motivación, está la de la supervivencia, y para alcanzar dicho objetivo deben adaptarse a la realidad y especialmente a su contexto vital. El apego activo a lo largo de toda la vida, es el organizador que permite construir, desarrollar y organizar la mente a través de un proceso dinámico.

Si la realidad interpersonal a la que el sujeto tiene que adaptarse es nociva, sus experiencias generan respuestas disfuncionales, ya que, las respuestas que le permiten sobrevivir en un medio hostil, pueden resultar insalubres para la propia autorregulación. La motivación del apego, tendencia adaptativa y saludable, se vuelve peligrosa si la persona a la que nos apegamos es perjudicial.

Cuando se da esa modalidad relacional se generan altos niveles de  estrés, el sistema nervioso se desregula y el miedo es la emoción dominante; cuando esto ocurre las personas construyen creencias patogénicas que son nocivas porque repercuten en las tendencias de acción innatas de ataque /huida y sumisión. Por ejemplo cuando una figura de apego, sistemáticamente y con una secuencia de aleatoriedad impredecible para la víctima, ejerce maltrato, la persona que lo sufre llega a creerse impotente. En estos contextos  la tendencia de acción innata es la de hacerse la muerte o someterse y esto es lo que explica una de las conductas paradójicas de las personas que están atrapadas en vínculos traumáticos.

Desde esta perspectiva, la motivación de las mujeres a mantenerse en relaciones de maltrato, no se debe a que busquen o gocen con él por su masoquismo constitucional como propone el psicoanálisis tradicional, sino que se debe al conflicto irresoluble en el que la mujer maltratada se encuentra, por un lado su sistema motivacional del apego le lleva a conectar con su pareja y por otro las creencias patogénicas surgidas del vínculo traumático, le mantienen atrapada en la relación a través de la sumisión.

2. Neurociencia y Mente

Para comprender una faceta de la complejidad de los vínculos traumáticos hemos recurrido a los aportes de la neurociencia. Consideramos que el psiquismo humano es una entidad funcional que emerge de la actividad cerebral. El cerebro como sistema integrado en el cuerpo ha sido estudiado por la neurociencia y sus novedosos descubrimientos explican como los procesos mentales son creados a partir de la actividad neuronal.

Tomamos como punto de partida las aportaciones de Siegel (2007), quien propone un modelo integrador que sintetizaríamos en los siguientes términos:

  1. La mente humana emerge a partir de patrones en el flujo de energía e información dentro del cerebro y entre cerebros.
  2. La mente se crea a partir de la interacción entre los procesos neurofisiológicos internos y las experiencias interpersonales inscritas en una cultura determinada.
  3. La estructura y función del cerebro en desarrollo está determinada por el modo en que las experiencias, especialmente las relaciones interpersonales, modelan la maduración genéticamente programada del sistema nervioso.

Venimos diseñados con un cerebro capaz de integrar la información que percibimos de nuestro entorno interno y externo y con un sistema defensivo que facilita nuestra adaptación. La información recibida se procesa en el cerebro mediante sensaciones, emociones y cogniciones. Estas tres formas deben ser procesadas e integradas a nivel cortical,  realizándose a través de la memoria implícita y explicita.

Mac Lean describió el concepto de cerebro triuno como un cerebro que incluye un cerebro dentro de otro cerebro, donde cada uno representa un estrato evolutivo separado que creció sobre la capa del que le precedía. Estos tres cerebros operan como tres computadoras biológicas interconectadas, cada una tiene su propio código de funcionamiento y su propia memoria, se conectan entre sí a partir de fibras nerviosas. Gracias a la actividad de estos tres cerebros se realiza un procesamiento constante del estado corporal, emocional y cognitivo de nuestro organismo y del estado corporal, emocional y cognitivo de nuestras figuras de apego. Estas evaluaciones se realizan en milésimas de segundos y dan lugar a reacomodaciones constantes que optimizan la supervivencia. Afectan, modifican y reorganizan nuestras motivaciones, emociones y creencias.

Los datos percibidos por nuestro sistema nervioso son excesivos. Para que el cortex pueda procesar la información proveniente de estos tres niveles, debe integrar dicha información y seleccionar los datos relevantes.

La integración tiene lugar cuando los subsistemas del cerebro en los que se procesa la información (sensomotriz, emocional y cognitivo) mantienen un estado de activación optimo, moviéndose dentro de los márgenes tolerables para que dicho sistema funcione y se produzca la integración. Esta evaluación se hace en fracciones de segundo de forma automática. La integración de los datos provenientes de los tres cerebros permite desarrollar un yo cohesivo y flexible, capaz de albergar diferentes estados emocionales sin fragmentarse, y adquirir un conocimiento explícito sobre si y sobre los demás. Cuando hay un vínculo traumático, el aumento de cortisol inducido por el estrés  provoca una desregulación en la activación en el sistema nervioso, lo que dificulta y a veces  impide la integración de la información de los diferentes sistemas. La persona incorpora la información de forma fragmentada, lo que afecta al estado del yo, que no puede hacerse cargo de sus diferentes estados mentales, ya que éstos están disociados en su mente.

Cuando un estado emocional intenso, por ejemplo el terror, aparece en la mente, esté toma preponderancia sobre los otros, la desregulación de la activación del sistema nervioso dificulta el procesamiento de la información a nivel cortical, inhibiendo el buen funcionamiento de la memoria explícita, y la información es procesada a nivel subcortical mediante las memorias implícitas. Si este proceso se hace permanente, se va dañando insidiosamente la memoria autobiográfica.

La desregulación permanente daña la organización y cohesión de su yo; a nivel cognitivo, como la información no se puede procesar a nivel cortical, se incorpora la atribución de significado del maltratador. Sus conductas se vuelven rígidas e inflexibles, lo que genera dificultades para percibir sus diferentes estados emocionales y los de los demás. La persona no puede desarrollar un conocimiento consciente sobre sí, y las conductas desarrolladas serán impulsivas e irreflexivas.

3. Comunicación, poder, género y mente

Para poder seguir reflexionando en las dinámicas de los vínculos  traumáticos debemos tener presente que no podemos pensar en el surgimiento de la mente y en la supervivencia sin tener en cuenta  la comunicación, el poder, el género y sus formatos. Los seres humanos mantenemos una comunicación constante, es imposible no comunicar, sistemáticamente emitimos señales implícita o explícitamente al otro sobre nuestros estados emocionales y sobre lo que esperamos de él o ella. Por tanto toda comunicación está atravesada por el género y conlleva un cierto ejercicio del poder.

El poder no es una realidad o una sustancia, el poder es el lugar preeminente que alguien adquiere en una relación. El poder se ejerce a través de la comunicación, que es fundamentalmente de dos tipos: una comunicación implícita y otra comunicación explícita.

La comunicación implícita o comunicación no verbal es aquella en la que los mensajes se envían fundamentalmente a través del cuerpo mediante gestos, tonos, silencios, expresiones faciales, lenguaje corporal, posturas, contacto visual o la falta de él, emociones, etc. Este tipo de comunicación nos permite percibir en un instante de forma intuitiva y no consciente si somos ignoradas; si somos bien acogidas, valoradas, tenidas en cuenta; o si somos recibidas con desagrado, desdén, ira, odio. La comunicación explícita es aquella en la que los mensajes se emiten a través del lenguaje oral, se alcanza con la adquisición del lenguaje.

Para que la comunicación total (integración de la implícita y explícita), resulte comprensible y coherente y pueda ser integrada, no solo debe de haber coherencia entre ambas, sino que cada una debe de tener coherencia en sí misma. Si no existe congruencia entre ambas comunicaciones, se produce un desconcierto en la persona que recibe la información, ésta no puede ser asimilada de forma integrada, generando confusión y perplejidad en la destinataria, lo que repercute en la asimilación de la información. Si esta es la forma habitual de comunicación por parte de la figura de apego se provoca un daño en la cohesión del yo de la receptora y puede llegar a establecerse un vínculo traumático.

El género nos conforma y está presente en la manera en la que nos comunicamos. Los seres humanos aprendemos a cerca del género, primero de forma implícita, observando e imitando la forma en la que se comunican las personas de nuestro entorno: madre, padre, familiares, niños y niñas, entre ellos y con una misma. A partir de estos intercambios aprendemos que gestos, posiciones corporales, emociones, deseos, juegos, vestidos, roles, etc. corresponden a cada género. La forma en la que se viva el género en nuestro entorno condicionará la manera en la que cada persona lo incorpore. Poco a poco y sin ser conscientes de ello vamos creando nuestra  identidad, al final del primer año, la mayoría de las criaturas humanas se reconocen perteneciendo a uno u otro género y ya poseen una forma personal e irrepetible de vivirlo. Este proceso se inicia con el nacimiento y continúa desarrollándose a lo largo de toda la vida.

Existe una socialización diferencial para las niñas y para los niños, esta  se trasmite a través de la comunicación, el poder, la educación (familia, juegos, cultura, ciencia literatura, cine, etc.) Los hombres son educados para afirmarse, ser autónomos y ejercer el poder sobre las mujeres; mientras que  las mujeres son educadas en el código del cuidado del otro y la sumisión, se les enseña a cuidar y a someterse a los hombres.  

Con la adquisición del lenguaje y el desarrollo de la capacidad de simbolizar aprendemos a nombrar y dar un significado a los hombres y a las mujeres. Bourdieu denomina violencia simbólica a aquella violencia que se va instaurando de forma imperceptible a través de la comunicación, ejerciéndose a  partir del desarrollo de significados y símbolos que atribuyen al género masculino todo lo que se identifica con lo positivo, mientras que lo femenino se conecta con lo negativo.

Los estereotipos de género formulados según los postulados del patriarcado, a modo de estructura supra individual que nos precede y transciende, funcionan como un complejo sistema sus mandatos y normas, y actúan como matrices de las percepciones, de los pensamientos y de las acciones de todos los miembros de la sociedad.

La construcción de significado no es algo que las personas realicen de forma aislada. Es un proceso relacional  en el que intervienen las relaciones que establecemos con los otros y también la que mantenemos con una misma. Día a día somos informadas de lo que implica ser hombre o mujer, a través de los significados sociales y científicos, medios de comunicación, pareja, amigas, amigos, etc. A partir de esta información reorganizamos nuestra identidad en el momento a momento de nuestra existencia.

4. Pareja, poder y Mente

Gerson S (2004) planteó que la mente se encuentra continuamente comprometida en dar un significado simbólico a sus experiencias subjetivas. Para poner palabras y nombrar de forma explícita aquello que está aconteciendo de forma implícita en nuestra vida, se necesitan de otras mentes que validen y reconozcan dichas experiencias; si no, estas experiencias  seguirán existiendo en el inconsciente implícito, (existen) pero no se las reconoce como propias y no pueden ser reconocidas, significadas ni reguladas.

La subjetividad está formada y reformada por la presencia de otras mentes, especialmente las figuras de apego, que validen y confirmen nuestras percepciones y emociones: la mente aparentemente autónoma es una construcción social.

El peso tan determinante que se ha dado a los primeros años de vida no ha dejado ver el dinamismo de la mente y la importancia que las relaciones de pareja tienen en la salud, en el equilibrio de las personas,  en la regulación emocional, en la construcción de significados y en definitiva, en la construcción de la mente. La relación que se mantiene con la pareja en la edad adulta se transforma en el vínculo de apego con mayor peso en esta etapa. Las relaciones de pareja conforman un sistema. Fisher y Crandell (2001) consideran que en las relaciones de pareja se crea un nuevo vínculo de apego, apego complejo, que se caracteriza por la interacción entre los estilos de apego de los miembros de la pareja.

Para que exista una conexión en la pareja, la mente de ambos debe desarrollar y articular un conocimiento relacional implícito acerca de los procedimientos que cada uno debe desplegar para que se mantenga el sistema. Este aprendizaje se realiza gracias a las neuronas espejo y a los modelos relacionales guardados en nuestra memoria implícita, lo que nos permite anticipar lo que va a ocurrir y acomodarnos  para la conexión.

La información emitida por el sistema nervioso de cada miembro de la pareja será procesada e integrada por el otro, la mayoría de las veces nos reacomodamos a los vínculos que mantenemos con nuestras figuras de apego de forma automática sin ser conscientes de ello.

Otro factor crucial para el mantenimiento de la relación de pareja son los modelos que la sociedad nos trasmite sobre como se debe de construir y como debe de funcionar dicho sistema. Uno de los que más peso tiene es el mito del amor romántico que traslada a la mente de hombres y mujeres el modelo de conducta amorosa que se debe tener. La esencia del mito implica la creencia de que una mujer debe amar a su hombre por encima de sí misma y considerar que los deseos y necesidades de él están por encima de los propios. Mantener una relación de pareja sin conflictos se convierte en el eje fundamental en torno al cual gira la vida de muchas mujeres. Esta simbolización facilita el abuso y la falta de reconocimiento de las mujeres como seres autónomos con necesidades propias.

La construcción de un vínculo traumático es un proceso insidioso que se va produciendo en el momento a momento de la comunicación, a través de micro traumas que tienen un efecto acumulativo sin que en muchas ocasiones los partícipes sean conscientes de ello. Se va construyendo un sistema en el que de forma imperceptible las necesidades y deseos de la mujer pasan a un segundo plano y su identidad se va quebrando y el hombre se va situando en un lugar preponderante.  

Habitualmente se identifica como violencia en la pareja, a la violencia extrema, la violencia física, que es visible y deja huellas. A esta violencia no se llega de forma repentina, ha sido necesario crear una dinámica de inseguridad y terror, que se establece a partir de un proceso denominado de victimización, durante el cual la mujer va desarrollando la identidad de víctima.

Cuando en las relaciones de pareja se instaura una comunicación en la que frecuentemente no existe sintonía, se puede generar una dinámica relacional que Jessica Benjamin (1988,1995) define como la del amo y el esclavo, el amo necesita definir al otro como esclavo y que el sometido a su vez le reconozca como superior. Esta dinámica imposibilita el reconocimiento de ambos miembros de la pareja como sujetos iguales. Se va generando una comunicación perversa en la que el objetivo del que domina en el encuentro con el otro, no es comunicarse sino imponerse. Nicolás (2005) plantea que

“La comunicación perversa se produce cuando el emisor actúa de manera que su objetivo es imponer la autoridad en la relación, se entra en la lógica del abuso del poder en la que el más fuerte somete al otro por el uso de la palabra” (Pág.307)

Conclusión

Podemos concluir afirmando que los paradigmas con los que tradicionalmente se ha explicado el maltrato y sus dinámicas relacionales impiden ayudar a estas mujeres a recuperarse, y por tanto perpetúan su condición de víctima e incluso en algunos casos las revictimizan.  

 

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